Sunday, November 11, 2007

Otros descubrimientos e historias asombrosas

Durante el curso de una excavación en un lugar de Partia, el arqueólogo austríaco Wilhelm Koening realizó un descubrimiento sensacional.
Halló un objeto con forma de jarrón, considerando que el mismo era un tipo de batería. Los componentes estaban allí, el cilindro de cobre y una barra de hierro.
Algunos años atrás este objeto fue sometido a una prueba de funcionamiento en el Roemer and Pelizaeus Museum of Hildesheim, en Alemania.
El resultado fue que esta batería seguía siendo capaz de producir una corriente de un voltio y medio, demostrando que este artefacto hallado entre las ruinas de Chuyut Rabuah había sido utilizado como una batería galvánica.
Otros descubrimientos encontrados en Selenkia en el Tigris y en Ctesiphon, la antigua Capital de Partia, demostraron la utilización de estos fragmentos de cobre como componentes de artefactos similares.
Miles de años atrás esta civilización de Partia tenían conocimiento de esta tecnología que aún los historiadores no osan atribuirles, es decir se concluye que hace más de 4.000 años los antiguos moradores de la mesopotamia utilizaban pilas eléctricas.
Esto no nos debe sorprender, ya que encontramos referencias también en Roma y en Grecia antiguas, cuando se describen bombillas incandescentes de color rojizo, como lo que nos dice San Agustín que cuenta que no podían ser apagadas ni por el viento ni por la lluvia y también hay referencias en Antioquía donde una luz estuvo encendida más de 500 años.
Otro es el caso de la famosa luz que se mantenía siempre encendida en el templo de Numa Pompilio en Roma.
En el Templo de Minerva había una lámpara de oro que daba luz y que no era alimentada por ningún tipo de combustible.
En Hierapólis, Siria, la diosa Hera estaba tan iluminada que: “…el templo resplandecía como si hubiera estado iluminado con una miríada de cirios…”, nos dice el griego Luciano, cuyos sacerdotes le negaron descubrir su secreto.
En la obra “Edipo Egipcíaco” escrito por el padre jesuita Atasnasio Kirchner en el 1565 DC, describe parte de un documento hindú con los pasos para construír una batería eléctrica. Leemos: “…colocar una plancha de cobre bien limpia, una vasija de barro, cubrirlo con sulfato de cobre, y luego cubrirlo todo con serrín húmedo, para evitar la polarización. Después poner una capa de mercurio amalgamado con zinc encima del serrín húmedo. El contacto producirá una energía por el doble nombre de Mitra-Varuna. Se dice que una cadena de cien vasijas de este tipo proporciona una fuerza muy activa y eficaz…”.
También Plutarco observa en el Templo de Júpiter-Amón una “lampara perpetua” y así lo escribió en el Siglo I.
Allí los sacerdotes tampoco le revelaron la fuente de esta luz que brillaba desde hacía años, aunque sí le dijeron que no se apagaba ni por el viento ni por la lluvia.
Tengamos en cuenta que fue recién en 1820 cuando el danés Hans Christian Orsted reconoció que una corriente eléctrica causaba fenómenos magnéticos.
El inglés Michael Farady continuó con esta investigación y fue recién en 1871 de nuestra era cuando el americano Thomas A. Edison desarrolló la primera bombilla eléctrica.
En 1939 Koening como ya dijimos, encontró muy cerca de Bagdad, en Irak varias vasijas tubulares de barro con los cuellos recubiertos de asfalto conteniendo todas una varilla de hierro encajado en un cilindro de cobre.
Era sin duda una rareza y el propio Koening no tardó en darse cuenta que era una especie de pila eléctrica procedente de la antigua Babilonia.
En 1940 publicó su hallazgo en Austria causando asombro a toda la comunidad científica y público en general.
Terminada la Segunda Guerra Mundial un ingeniero norteamericano de la General Electric Company, llamado Willard Gray pensó ponerle fin a esta controversia comprobando físicamente el mismo.
Fabricó duplicados exactos de estas antiguas vasijas llenándolas con sulfato de cobre en reemplazo del desaparecido electrolito original que se había disuelto luego de más de dos mil años de antiguedad.
Gray verificó su funcionamiento comprobando que la misma media una potencia de un voltio y medio.
La famosa Pila de Bagdad, hallada en 1939 por el arqueólogo alemán Wilhelm Koening mientras realizaba excavaciones en la región de la antigua Babilonia
© César Reyes, 2005

Esta confirmación demostró que también los babilonios conocían y utilizaban la electricidad, cuyo objetivo no sólo era de iluminar sino también galvanizar ciertos elementos como los centenares de objetos galvanizados cuya antigüedad data de miles de años atrás que se hallaron en la misma zona geográfica.
Estas vasijas fueron llevadas al Museo Nacional de Bagdad, en Irak exhibiéndose durante décadas hasta que lamentablemente producto de la guerra reciente mucho de estos elementos se perdieron, se robaron y/o se destruyeron durante los saqueos al Museo Nacional.
Como vemos no sólo los egipcios conocían y utilizaban la electricidad, sino también para otras civilizaciones no les era desconocida hace milenios este tipo de energía.

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¿CONOCIMIENTOS TECNOLÓGICOS EN LA ANTIGÜEDAD?
José Luis Calvo

Uno de los mayores problemas con que nos encontramos los escépticos aficionados a los temas históricos es que no tenemos ninguna Segunda Ley de la Termodinámica a la que recurrir para comprobar la validez o no de una afirmación extraordinaria. Tampoco la similitud de otros casos que hayan resultado ser falsedades demostradas son un criterio definitivo. El estudio caso por caso, se convierte así en una necesidad por tedioso que nos resulte y por mucho tiempo que haya que destinar a esta tarea. Si algunos consejos con carácter general le podemos dar es que:

A. Compruebe la existencia real del fenómeno que se pretende. Desconfíe si no encuentra ninguna referencia más sobre el tema.
B. Compruebe que la cronología propuesta es real.
C. Compruebe que no existen otras explicaciones más coherentes con los conocimientos históricos.
D. Compruebe que la repercusión del hecho es la que pretende el autor.

Sólo si la afirmación supera estos cuatro pasos puede ser tomada en consideración.

Veamos cuatro ejemplos aparentemente muy similares y presentados en distintas obras de Von Däniken, el conocido autor pseudocientífico:

1) En Ecuador existen cuevas repletas de maravillosos objetos de oro. Él pudo conocerlas porque se las mostró el Sr. Moricz.
2) En Ica (Perú) se conservan piedras grabadas con escenas que sólo pueden haber sido realizadas en un período muy remoto y, a la vez, muestran elementos de una tecnología muy avanzada.
3) En el templo de Dendera (Egipto) existen representaciones de bombillas eléctricas.
4) En el Museo de Iraq en Bagdad existe un ejemplar de una pila eléctrica fechada en época Parta.

La conclusión que extrae el Sr. Von Däniken de estos hechos es muy conocida. Esos objetos tienen que haber sido realizados por una cultura tecnológicamente muy avanzada que él relaciona con visitas de seres extraterrestres.

Apliquemos a estas afirmaciones los cuatro pasos anteriormente propuestos y veremos en qué quedan.

Las cuevas de oro de ecuador:

La revista alemana Der Spiegel entrevistó al Sr. Moricz buscando una confirmación al relato de Von Däniken. El resultado fue que el entrevistado reconoció haber hablado con el autor suizo, pero que éste no había sido conducido por él a ninguna cueva y que tampoco le había mostrado ningún tesoro.
Con posterioridad, James Randi visitó una de las cuevas que supuestamente contenía un tesoro y no pudo encontrar ni uno sólo de los objetos de oro. (1)
Por tanto, a falta de que el Sr. Von Däniken (o cualquier otra persona) presente pruebas más consistentes de la existencia de tales tesoros haremos bien en poner estas afirmaciones en el terreno de la fantasía.

Las piedras grabadas de Ica:

¿Podemos contrastar su existencia? Por supuesto. No sólo han sido reproducidas fotográficamente hasta la saciedad, sino que existe un museo en dicha localidad en la que se exponen. Por tanto podemos pasar a la segunda fase. ¿Son tan antiguas como se dice? No existe ningún medio para datar con exactitud el momento en que se procede a efectuar un grabado en una piedra, pero sí de determinar si esa grabación es antigua o reciente, la observación de las aristas bajo microscopio. Con el tiempo, las aristas se van erosionando, sus ángulos se van haciendo menos pronunciados. El equipo del programa de televisión “Nova” decidió someter los grabados a esta prueba. El resultado es que no presentaban erosión. Las aristas del grabado eran virtualmente idénticas a las que presentaba una piedra recién elaborada por un artesano de una localidad cercana que reconoció ser el autor de dichos dibujos. (1)
Por tanto, éste sería un caso de falsificación reciente de supuestas antigüedades.

Las bombillas del templo de Dendera:

¿Podemos contrastar su existencia? Ciertamente, en los relieves del templo de Dendera existen unos grabados que representan algo que tiene un cierto parecido con un globo en cuyo interior hay una serpiente cuya forma puede evocar la de un filamento. Por tanto, la afirmación ha pasado la primera prueba. La cronología tampoco presenta ningún problema, nadie tiene ninguna duda de que los relieves son antiguos. Falta por ver si existe una explicación más coherente con nuestro conocimiento del Antiguo Egipto. Por los textos grabados en el propio templo obtendremos las primeras pistas: “Recitado por Harsumtus, el gran dios, que reside en Dendera, el que se eleva desde el loto como un Ba Viviente” Si unimos a ello el que a Harsumtus se le representa como una serpiente, tendremos que la supuesta bombilla es, en realidad, una serpiente dentro de un loto y que es una representación del dios Harsumtus. (2)
Fin del misterio.

La pila eléctrica de Bagdad:

Investiguemos ahora la pila parta. En principio podríamos pensar que es un caso similar a los anteriores y, por tanto, debe ser obviado. Difícilmente podríamos encontrar algún texto pseudohistórico en que no se relacione este caso con el anterior. Debemos evitar esta tentación. Comencemos por el primer punto ¿existe este objeto? Sí. Fue encontrado durante unas excavaciones en Khuyut Rabbou´a en 1.936. Consiste en un recipiente de cerámica de unos 15 cm de altura recubierto en su interior por asfalto. En su boca presentaba una barra de hierro alojada en el interior de un tubo cilíndrico de cobre. Ambos elementos estaban fijados por un tapón asfáltico. Experimentos realizados empleando reconstrucciones de este artefacto han demostrado que basta añadir un electrolito como vinagre, zumo de uvas o agua de mar para que este objeto se transforme en una batería eléctrica. Por ejemplo, Patrick Ferryn empleó vinagre y obtuvo un voltaje de 0,5 V. Henri Broch probó con agua de mar y obtuvo los mismos resultados. (3) Dicho sea de paso, este voltaje es demasiado débil para dar crédito a alguna de las explicaciones propuestas como el de esta pila sería en realidad un objeto moderno empleado en los telégrafos durante la segunda mitad del S XIX (Mac Kechnie Jarvis, 1.960).

El segundo punto tampoco presenta graves problemas. Está datada en el S I a.C.

Vamos con el tercer punto, ¿existen otras explicaciones más coherentes? Paszthory (1.989) propone una respuesta mágico-religiosa, estos objetos estarían destinados a contener oraciones o encantamientos escritos en material orgánico que habrían desaparecido con el tiempo. Por su parte, While Gebelein (1.991) propone una explicación alquímica-sexual, basada en la mitología greco-latina. Representaría el coito entre Venus (cuyo metal correspondiente en alquimia es el cobre) y Marte (cuyo metal correspondiente es el hierro). El cilindro de cobre representaría la vagina de Venus y la varilla de hierro el pene de Marte. Sin embargo, ninguna de estas explicaciones alternativas presenta pruebas definitivas para decantarse a su favor, aunque hay que destacar que en Ctesifonte sí se encontraron restos de papiro en unas jarras semejantes, pero en las que faltaba la varilla de hierro.

¿Realmente es impensable que estos objetos puedan ser pilas eléctricas? De ninguna manera, sin embargo es necesario realizar algunas acotaciones previas sobre qué uso pudieron tener. El voltaje obtenido es muy pequeño para suponer un empleo tecnológico avanzado. Lo sentimos por los que piensan que pudieron mover motores o encender bombillas; pero los partos no tenían unos ni otras ni, en el supuesto de que los hubieran poseído, estas pilas servirían como fuente de alimentación. La única utilización tecnológica que se ha propuesto seriamente es que pudieron servir para dorar objetos. (4)
Sin embargo, Gerhard Eggert (5) pone en duda también este posible uso. El bajo voltaje producido por estas pilas haría necesario un periodo de tiempo excesivamente largo para producir un efecto visible.

En este estado de la discusión vemos que el problema es más el uso que pudo tener que el objeto en sí. No debemos pensar en los pueblos antiguos como un montón de idiotas incapaces de crear nada por sí mismos salvo que tuvieran la inspiración de los atlantes o los extraterrestres. Por el contrario sabemos que tanto los griegos como los romanos tenían algún conocimiento sobre la electricidad. Esta afirmación puede resultar sorprendente, pero es contrastable en la literatura de la época. Precisamente en este conocimiento se basa Paul T. Keyser (6) para proponer su uso como analgésico. En la obra Composiciones de Scribonius Largus se cita como remedio para los dolores la introducción del miembro correspondiente en una vasija que contenga un pez torpedo vivo (el pez torpedo es un pez que produce descargas eléctricas). Por Claudio Eliano en su obra Historia de los Animales sabemos que los romanos habían desarrollado incluso aislantes para evitar las descargas de los peces torpedo “Si alguien con la mano untada de gomorresina de silfio coge al torpedo, elude el dolor que produce.” (V 37) (7)

Sea cual sea la explicación, mágica o tecnológica de cualquier tipo (y no encontramos pruebas para decantarnos por una de ellas) está claro que este objeto no supone ninguna revolución en el conocimiento de la época. Todo lo más, sería una prueba de que los avances tecnológicos que se producen en un momento en que las condiciones económicas, sociales o políticas no permiten su desarrollo están condenados al fracaso.

Para más información:

.- Randi, James: “Fraudes Paranormales” Colección Eleusis. Tikal Ediciones. Madrid 1.994
.- Hernández, Antonio: “Las “bombillas” de Dendera. - “Harsumtus-Lux”” En http://teleline.terra.es/personal/orfaios/velo-01.html
.- Broch, Henri: “Au coeur de l´extra-ordinaire” Colección Zététique. L´ Horizon Chimérique. Bordeaux 1.994
.- Köning, W: “Ein galvanisches Element aus der Partherzeist?” Forschungen und Fortschritte. 14-1. 1.938
.- Eggert, Gerhard: “The Enigmatic “Battery of Baghdad”” Skeptical Inquirer. May/June 1.996
.- Keyser, Paul T.: “The purpose of the parthian galvanic cells: A first-century A.D. electric battery used for analgesia” Journal of Near Eastern Studies 52-2. Chicago 1.993
.- Eliano, Claudio: “Historia de los animales” Traducción de José María Díaz-Regañón López. Los clásicos de Grecia y Roma. Planeta DeAgostini. Madrid 1.996

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¿Qué Técnica Utilizaron En La Gran Pirámide?

 

ecía el historiador griego Herodoto en el segundo libro de sus Historias -muy posiblemente porque alguien se lo dio a entender- que el faraón Keops obligó a sus súbditos a acarrear enormes piedras desde las canteras de Arabia, que debieron ser trasladadas en embarcaciones por el río Nilo. ¿Poseían los egipcios naves tan enormes, capaces de desplazar un mínimo de cinco toneladas? Añadía el griego que eran cien mil los esclavos ocupados en la construcción, mal alimentados, relevándose cada tres meses o dejando los huesos en la arena.

 

¿Fueron Veinte Años De Esfuerzos?

 

Este complicado sistema de grúas, tan endebles como difíciles de manejar, ¿fue el utilizado por los antiguos egipcios para elevar los bloques que formarían los pisos? 

Los bloques, informaron los sacerdotes a Herodoto, eran subidos por medio de rampas y cuerdas a los diversos pisos, reduciéndose en cada ocasión el número de bloques pero aumentando al mismo tiempo la altura y creciendo, en consecuencia, la dificultad para izar las piedras y acomodarlas en su sitio. Añadieron que costó la obra el equivalente de cuarenta toneladas de plata, pero en ningún momento se refiere el griego en su libro a problemas tan serios como la aglomeración de los obreros, a su alimentación, a las máquinas utilizadas.

¿Sabían los sacerdotes lo que decían o inventaron todo acerca de la pirámide, puesto que era tan antigua que se había perdido el recuerdo de los hombres que la levantaron? ¿Sucedió acaso que las primeras pirámides fueron construidas con una maquinaria perfecta y que las siguientes resultasen más modestas, porque no se contaba ya con los aparatos del principio? ¿Se dieron cuenta los faraones de las siguientes generaciones que no podrían realizar jamás una obra tan impresionante y que, por esta razón, se conformaron con equivalentes de menor tamaño, como eran los obeliscos?

Un noruego aficionado a la egiptología, cuyo nombre era Olaf Tellefsen, declaró en 1971 que había descubierto el secreto egipcio para construir la pirámide. Declaró que no utilizaron rampas para subir los bloques, porque tendrían unos dos kilómetros de longitud, como mínimo. Todo lo hicieron por medio de palancas. ¿Acertó el noruego?

En el antiguo Egipto, la población no podía superar los cien millones de habitantes y, según afirman los arqueólogos, no poseían una técnica avanzada, puesto que no han llegado vestigios hasta nuestros días. ¿Cómo hicieron entonces? ¿Poseían los sacerdotes un tipo muy especial de técnica, basada en los ultrasonidos, los poderes paranormales y la antigravedad, dejada acaso en herencia por sus maestros y que terminó por perderse?

 

¿Quién Dijo Que Las Piedras No Pueden Volar?

Maqueta que representa a obreros nivelando un bloque de piedra. ¿Cómo eran capaces de transportar tal número de bloques de piedra? ¿Acaso utilizaron medios desconocidos por nosotros como la levitación, para transportarlos por el aire?

Un científico contemporáneo, el francés Jacques Weiss, decía que los bloques de piedra eran transportados por medio de la fuerza mental y que iban a encajar perfectamente uno sobre el otro, gracias en parte a la disposición de las caras, que eran ligeramente cóncavas o convexas, según los casos.

Una leyenda árabe dice que los Hijos del Nilo transportaban las piedras de las pirámides sobre papiros cubiertos de signos mágicos. Los sacerdotes las movían a su antojo, mediante un esfuerzo de su voluntad. Es decir, que practicaban eso que los parapsicólogos llaman ahora psicokinesis, y también telekinesis. Y de igual manera que levantaban los objetos sin que mediara contacto físico, también ellos sabían elevarse en el aire. Es decir, que levitaban, igual que harían tantos santos católicos en sus momentos de éxtasis místico, los ascetas de la India y algún que otro médium del siglo pasado.

Los sacerdotes egipcios ayudaban a los arquitectos por medio de unas flautas, cuyo sonido inaudible para el oído humano era capaz de mover las piedras. Parece absurdo, a simple vista, que un simple sonido pueda desplazar objetos. Sin embargo, nadie se sorprende al ver que las ondas sonoras emitidas por un jet alcancen a cambiar de lugar los objetos de una casa vecina.

Pero, de ser cierto cuanto se dijo acerca de los sonidos capaces de mover las piedras y de la levitación de las piedras por personas debidamente entrenadas, queda pendiente de contestar una sencilla pregunta: ¿de qué medios se valían los constructores para dar a los bloques de piedra la forma exacta requerida para que encajasen perfectamente, sin dejar rendijas?

 

¿Existe Una Pasta Para Ablandar Las Piedras?

Coronel Percy H. Fawcett. Este aventurero pudo presenciar cómo mediante un líquido, elaborado por los indígenas peruanos, la piedra se ablandaba como si fuera barro, recobrando unos instantes más tardes su dureza habitual. ¿Pudo ser ésta la técnica utilizada por los egipcios para crear los bloques de piedra en sus construcciones?

El ser humano es tan vanidoso, tan seguro de su superioridad -en especial los científicos apegados al dogma- que se niega a creer en todo lo que vaya en contra de lo que aprendió en los libros o en la universidad. Está convencido de que nada existe en el mundo fuera de lo que conoce y que todo fue inventado ya.

Pero hace unos años, un investigador norteamericano declaró que al hombre le hace falta mucho por aprender, siquiera en ciertos terrenos. Y aportó pruebas al respecto. Decía Hyatt Verrill que en la Gran Pirámide, al igual que en las construcciones, incaicas y preincaicas, se utilizó una técnica desconocida por los actuales arquitectos e ingenieros civiles: trabajaban los obreros la piedra no con el cincel, sino con una pasta obtenida a partir de cierta planta sólo conocida por los indios, que ablanda la piedra y la vuelve maleable durante un corto tiempo.

Este mismo descubrimiento había sido realizado por el coronel P.H. Fawcett, quien antes de desaparecer misteriosamente en 1925 en las selvas brasileñas presenció algo increíble a corta distancia de los montes peruanos. Cerca del cerro de Paseo, un geólogo norteamericano había hallado un recipiente herméticamente cerrado, con forma de cabeza humana. En el Perú antiguo utilizaban la huaca para conservar líquidos, granos y oro en polvo.

El geólogo pidió a un obrero indígena que abriese el recipiente, para conocer su contenido. El hombre no sólo se negó a obedecer, sino que arrebató la huaca de manos del hombre blanco y la estrelló contra el suelo y huyó a toda prisa. Al inclinarse para recoger los fragmentos de la huaca vio con gran asombro que la piedra sobre la cual se derramó el líquido se ablandaba como si fuera de barro. Unos minutos más tarde recobraba su dureza habitual.

Así se expresó el explorador Fawcett y en apoyo de sus palabras están las piedras que se conservan en el Museo de Cochabamba, Bolivia, en las cuales hay impresas unas manos. Un sacerdote peruano, el padre Jorge Lira, informaría por su parte en junio de 1967 que los incas conocían el secreto de una planta cuyo jugo ablandaba las piedras más duras.

¿Fue utilizando una planta semejante a la peruana que los constructores de la Gran Pirámide acomodaron los bloques para lograr un perfecto ensamblaje? Y de ser así, ¿quedaría demostrado que los incas aprendieron el secreto de los egipcios, o se trata de una pura coincidencia?

 

Otro Problema: La Iluminación Interior De La Pirámide

Existen relieves en las construcciones egipcias, que parecen representar bombillas. ¿Acaso los egipcios conocían la electricidad, utilizándola para poder iluminarse dentro de los pasillos de la pirámides?

¿Cómo hicieron los constructores de la Gran Pirámide para iluminarse en el interior y evitar que cayeran todos de bruces? ¿Utilizaban antorchas, como hacían en la Edad Media para caminar de noche por los patios y los corredores?. Imposible pensar en las antorchas, en las velas o en objetos que dan luz y despiden humo, por esta sencilla razón: no se ha encontrado hollín en los muros interiores de la Gran Pirámide, así que otro debió ser el sistema de iluminación.

¿Lograban los egipcios, captar la luz solar por medio de un ingenioso sistema de espejos colocados a lo largo de los corredores, que reflejarían los rayos solares hasta el fondo? Imposible, porque los rayos pierden brillantez al reflejarse y no tardan en perder intensidad.

Entonces, si los constructores de la Gran Pirámide no utilizaron antorchas, velas o espejos, ¿cuál fue la técnica utilizada para iluminar a los obreros? Nada menos que la electricidad, que era conocida por ellos, como verá el lector al instante.

Al italiano Alejandro Volta se le atribuye la invención de la primera pila eléctrica, hacia el año 1800, pero este genial científico llego a la cita de los inventos con considerable retraso, puesto que los antiguos ya sabían utilizar la pila con éxito.

Vemos cómo se puede apreciar en estos bajorrelieves del Templo de Dendera a personas sosteniendo unos artilugios que parecen bombillas de las cuales sobresalen unos cables

En 1938, un ingeniero alemán llamado Wilhelm König realizaba obras en el alcantarillado de Bagdad cuando descubrió unos extraños recipientes en Kujut Rabua, suburbio septentrional de esta población que fue capital del Califato. Se trataba de unos objetos que pertenecieron a la dinastía de los Sasánidas -reyes que gobernaron el país durante los siglos III al VII de nuestra era- y fueron catalogados como “objetos de culto” al ser trasladados al museo de la ciudad.

 

¿Conocieron Los Antiguos Los Poderes De La Electricidad?

Una de las piezas más impresionantes y que constituye una prueba clarísima del elevado nivel de la tecnología de algunos pueblos antiguos es la llamada «Pila de Bagdad». Fue construida durante la ocupación de Iraq por parte de los partos, entre el año 250a.C. y 224 d.J.

Los recipientes eran de barro, de unos quince centímetros de altura, y contenían un cilindro de cobre tapado en su parte inferior. Dentro del cilindro vio König una varilla de hierro. Aquello podía ser cualquier cosa menos objeto de culto. Investigó en el interior del recipiente y halló vestigios de ácido, que había corroído al metal. ¿Tenía delante a una pila eléctrica, utilizada hacía catorce siglos por lo menos?

Vino el paréntesis de la II Guerra Mundial y años más tarde el científico Willy Ley construyó un duplicado del recipiente en el laboratorio de alto voltaje de la General Electric. Su colaborador Willard Ley introdujo sulfato de cobre en el recipiente, ácido acético o cítrico, conocidos en la antigüedad, y la pila comenzó a trabajar.

Se descubrió a continuación que aquellas pilas de Bagdad eran nuevas si las comparaban con otras halladas por el mismo rumbo, que remontaban al siglo X antes de Cristo. Cuatro recipientes de barro con cilindros de cobre aparecieron cerca de Tell Olar, por el rumbo de Bagdad. Y diez más en Ktesifon, hallados por el profesor E. Kuhnel, del Museo del Estado de Berlín. En la biblioteca Prince, en Uijjain, India, se conserva un documento conocido como Agastya Samshita, que data del siglo X a.C. Contiene la descripción de una batería eléctrica, así como de un aparato para dividir el agua en sus dos elementos: oxígeno e hidrógeno.

No existen pruebas de que los antiguos utilizasen la electricidad producida por estas pilas para iluminarse, pero sí las hay en cuanto a su aplicación para dar baños electrolíticos a ciertas piezas. El arqueólogo francés Augusto Mariette halló a mediados del siglo XIX objetos recubiertos con una delgadísima capa de oro, en la región de Gizeh. Pero jamás se encontraron los aparatos que sirvieron para dar estos baños. El secreto de la electricidad fue muy bien guardado, pero hay veladas alusiones a lámparas y aparatos utilizados en aquellos tiempos.

¿Qué clase de energía utilizaba la lámpara mencionada por Pausanias, quien vivió en el siglo II de nuestra era, la cual ardía en el templo de Minerva sin extinguirse? San Agustín decía que en un templo egipcio dedicado a la diosa Isis vio una lámpara que ni el viento podía apagar. En su Historia de la Magia, Elifas Levi mencionaba a un rabino francés llamado Jequiel, quien vivió en la corte de Luis IX, en el siglo XIII. Este hombre utilizaba una lámpara que no quemaba aceite y que colocaba en la puerta de su casa para ahuyentar a los ladrones. Recibían éstos una descarga si querían forzar la puerta. Jamás reveló el rabino a nadie la clase de energía utilizada en la lámpara, que recordaba a la que menciona el Antiguo Testamento en el capítulo dedicado al Arca de la Alianza.

Si desea el lector más ejemplos de iluminación eléctrica utilizada en la antigüedad, sepa que en la ciudad de Tashkent, capital de la República Soviética de Uzbekistán, fueron halladas recientemente unas ánforas selladas, en cuyo interior había una gota de mercurio. Se dijo que eran fuentes de energía luminosa, basadas en el principio físico siguiente: si se agita mercurio colocado en el interior de un recipiente de cristal se obtienen oscilaciones eléctricas de baja frecuencia, suficientes para encender un tubo de neón. Pero estas oscilaciones no puede lograrlas la ciencia actual en un recipiente de barro. ¿Acaso conocían los antiguos habitantes de Tashkent secretos que nosotros ignoramos?

Los historiadores romanos Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso atribuían a Numa Pompilio, segundo rey legendario de Roma, gran sabio del siglo VII antes de Cristo, el poder de desencadenar el fuego de Júpiter. Es decir, que sabía producir descargas eléctricas que causaban pavor entre sus enemigos. ¿Lo aprendió por sí solo o alguien se lo enseñó?

Hacia el año de 1601, un viajero español llamado Bartolomé Centenera viajaba por la región de los Siete Lagos, cerca de donde nace el río Paraguay, cuando se encontró en las ruinas del gran Moxo. Fue allí donde encontró algo sorprendente: una lámpara que daba luz sin interrumpirse y cuya forma era de columna terminada en esfera. La luz que despedía era clara y agradable, y no daba calor. El viajero se negaría a decir en qué lugar preciso halló la lámpara. Por esta razón, sus contemporáneos lo tildaron de embustero.

Pero, regresando a la Gran Pirámide y a las maravillas que la rodean, surge al instante una pregunta, una vez impuestos de los hechos asombrosos que se han contado en torno a este edificio: ¿quién fue el faraón que mandó construir la pirámide de Keops y qué genial constructor lo ayudó en la empresa?

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